Macarena Muñoz Calderón: “¡Energética, explosiva, impulsiva…pero muy inclusiva!”

Macarena Muñoz Calderón: “¡Energética, explosiva, impulsiva…pero muy inclusiva!”

Por: Consuelo Vera

Basooka, la payasa creadora de la Red Nacional de Payasos de Chile, abre su corazón para conversar sobre los detalles de su infancia y adolescencia, reconocer los ideales que la removieron para escoger su camino en la vida y cómo fue tomando las decisiones que hoy le permiten desempeñarse como una educadora diferencial que conjuga su profesión con el arte de la payasería.

Con una cálida sonrisa, me recibe en su casa ubicada en medio de árboles y vegetación. Al entrar a su hogar, es posible observar una gran variedad de instrumentos musicales en el living, unos flyer anunciando shows de payasas y una repisa con muchas decoraciones antiguas. Al mismo tiempo, el perro que vive con ella llega a saludarme cariñosamente.

Al comenzar la conversación, Macarena cuenta orgullosa que desde pequeña fue muy atleta y muy interesada en todas las actividades deportivas, gusto que heredó de sus padres, quienes siempre la reconocían por lo bien que se desempeñaba en ese ámbito. Sin embargo, con el tiempo se fue interesando más por el arte y las letras, con ello vendría la adolescencia y el descubrimiento de la sexualidad. Debido a su crianza cristiana, reconoce que ser lesbiana le trajo muchos problemas, tanto con su familia como con las autoridades de su colegio de aquel entonces, el cuál era parroquial. Confiesa, entre risas nerviosas, que estos conflictos emocionales que vivió a raíz de esta situación la llevaron a ser muy rebelde, por lo que la echaron del colegio en segundo medio y tuvo que terminar la enseñanza media en otro lugar “quería puro salir del colegio”.

A pesar de su rebelión contra las figuras de autoridad en su colegio, quiso entrar a estudiar pedagogía “yo quería ser esa figura importante de apego para los niños y niñas”. Mientras mira por su ventana donde lentamente se asoma el ocaso, Macarena recuerda que sus primeros años de pedagogía en Lenguaje y Comunicación en la Universidad de Artes y Ciencias Sociales, fueron interrumpidos por el quiebre de esta misma. A raíz de esto y otras situaciones que estaba viviendo, tuvo la sensación de que nada le estaba saliendo bien y decidió instalarse   en La Serena, estaba motivada, quería un cambio de vida, seguir estudiando.  Además, su hermana que vivía en esta ciudad sería mamá “yo siempre había querido ser tía, ya que soy la hermana menor de dos hijas”. 

En ese entonces, vuelve a estudiar pedagogía, pero desde una mirada más inclusiva, por lo que entró a estudiar Pedagogía en Educación Diferencial en la Universidad de La Serena. En este momento de su vida, descubre el Circo Minero y se enamora profundamente de él y de las artes escénicas.

“Bazooka: energética, explosiva, impulsiva e inclusiva” es el nombre con el que Macarena presenta a su personaje de payasa, que nace a partir de la firme convicción de querer generar conciencia y visibilizar temáticas importantes en él área. Comenta que los artistas del circo no tenían mucha voz y en cambio los y las payasas sí podían tenerla. Este personaje con el tiempo fue fusionándose con su rol de educadora diferencial.

sus aprendizajes en la ARCIS apuntaban a un sistema educativo no convencional, eso la llevó a trabajar de profesora en la escuela libre de la Fundación Remolino. Afirma entusiasmada que con el tiempo se ha ido encantando con las ideas que se proponen en la fundación, tales como el enfoque de derechos humanos, la medición cognitiva y la educación ambiental “también me he cuestionado el rol de la Basooka, quizás deba dedicarme a la educación ambiental que es algo que realmente me interesa, pero ahí vamos a ir viendo” comenta entre risas. 

Los desafíos que ha enfrentado Macarena como payasa y profesora, han estado ligados a un accidente y a la pandemia, cuando sintió una gran incertidumbre por su futuro. Sin embargo, destaca un aprendizaje entregado por una profesora de la Universidad de La Serena que le enseñó a pensar siempre en grande. Precisamente este pensamiento aprendido fue el que la llevó a formar La Red Nacional de Payasos.

A pesar de que es una persona con algo de dificultad para reconocer sus logros, cuenta emocionada que el ser payasa le ha ayudado mucho a poder conocerse y empoderarse de quien es, que con el tiempo ha podido ir viendo el valor de todo lo que hace y todo lo que le queda por hacer, que solo necesita ser ella misma y estar abierta a reinventarse las veces que sean. “Comunidad, ternura y amor”, son los ingredientes con los que caracteriza ambos roles en los que se desempeña y que hoy dan vida a su existencia. 

Cuando hablamos de quienes le inspiran, no duda en nombrar a Gabriel, Co-fundador de Fundación Remolino lo que demuestra su gran admiración por el resultado del proyecto de arte y cultura para las infancias, que incluye un laboratorio artístico y un festival infantil. También hace referencia a Gabriela Mistral por su aporte pluridimensional y con humor comenta que hay ciertas frases de la poetisa que le hacen pensar en que se sobreexplotó en su rol de educadora, pero que prefiere quedarse con aquellas frases que le hacen sentido desde una mirada más humanitaria. 

Al momento de hablar de su futuro sus palabras demuestra incertidumbre y afirma que se cuestiona mucho por dónde seguir su camino, pero que aspira a postular a fondos que le permitan tener una seguridad económica y al mismo tiempo poder independizarse en cuanto a su trabajo, en pos de concretar proyectos que den espacio suficiente para desarrollar sus ideas propias. “Aspiro a tener mi propio terreno, sembrar y ser súper hippie -dice entre risas- pero también soy consciente que para esto necesito tener plata y a pesar de que cuestiono mucho el sistema, estoy acá adentro, y a veces hay que seguir un poco la corriente para lograr todo lo que uno quiere”.

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